El uso del Sentido Común en el cuidado de los más pequeños.

En la actualidad, los profesionales sanitarios nos encontramos con una necesidad por parte de los  pacientes, y en el caso de los menores, de sus padres, de encontrar una respuesta inmediata a cualquier posible dolencia. Esto deriva en dos fenómenos. Por un lado, la búsqueda de respuestas en páginas webs no especializadas que crean en muchos casos una alarma innecesaria. Y por otro lado, la asistencia al servicio de urgencias por procesos banales que podrían ser resueltos, en el caso de los niños, por su Pediatra de Atención Primaria.

 

Respecto a este último, el servicio de urgencias desde el punto de vista médico, está destinado a pacientes que precisan ser atendidos de forma inmediata por estar en situaciones graves o de riesgo. Al acudir a urgencias sin que exista una necesidad real, estamos sobrecargando el servicio y con ello, retrasando la atención de los casos graves. Además, no debemos olvidar que el coste del mismo repercute en todos nosotros y por lo tanto es nuestra responsabilidad hacer un buen uso para poder asegurar su sostenibilidad y eficacia.

 

El lugar para atender las posibles dolencias o patologías no graves de los hijos debe ser el Pediatra habitual, y no sólo por ser el profesional designado, sino porque es quien conoce el historial de cada uno de ellos: enfermedades, alergias, vacunas etc. Con lo que la atención será mucho más personal y el diagnóstico, el seguimiento y el tratamiento, serán más certeros que el de un profesional sanitario que no les conozca..

 

En otros casos, encontramos que se acude al servicio de urgencias con síntomas aislados o generales, con pocas horas de evolución, que impiden realizar un diagnóstico. Aunque es comprensible que como padres queramos que las posibles dolencias de nuestros hijos sean atendidas y resueltas en el menor tiempo posible, debemos entender que las enfermedades evolucionan de una manera determinada, con lo que aquellos síntomas que en un principio no revisten gravedad para acudir al servicio de urgencias, precisan de un correcto seguimiento en el tiempo para el diagnóstico seguro de la enfermedad de nuestros hijos.

 

Además, esta situación está provocando que ante la falta de información sobre el paciente, los servicios de urgencias decidan realizar más pruebas y poner tratamientos, en algunos casos, innecesarios. En muchos casos, obligados por la insistencia de los padres que creen que ante cualquier síntoma es mejor recetar algún medicamento que esperar a su evolución. El sentido común en muchos casos nos puede ayudar a tomar decisiones.

 

En mi opinión, existen situaciones en la que sí es necesario acudir al servicio de urgencias como la fiebre (principal motivo de consulta en urgencias) cuando sean niños menores de tres meses con temperatura  mayor de 38ºC y en mayores de tres meses, con fiebre alta (39/39.5ºC), acompañadas de malestar general (a pesar del uso de antitérmicos). Además, cuando existan síntomas de dificultad respiratoria - ya sea por crisis de asma o atragantamiento por cuerpo extraño-;, dolores intensos que no mejoren con analgésicos, con especial atención al dolor abdominal continuo convulsiones o pérdidas de conciencia, así como diarreas y/o vómitos en menores de un año por riesgo de deshidratación.



Junto a estos casos existen una serie de situaciones en las que es imprescindible acudir al servicio de urgencias como en traumatismos graves o heridas para suturar, reacciones alérgicas graves -ya sea derivada de picaduras o por ingesta de alimentos o medicamentos no indicados o sobredosificados- y finalmente en niños con enfermedades crónicas (diabetes, cardiopatía, cáncer...) donde cualquier proceso puede descompensar su patología de base.

 

Junto a este fenómeno, presente en los hospitales españoles desde hace años, estamos asistiendo a un uso cada vez mayor de internet como fuente de consulta por parte de los padres. En este sentido, Internet proporciona un amplio abanico de información donde podemos encontrar desde webs especializadas, como Familia y Salud, Famiped, EnFamilia o Pediaclic, a un gran número de sitios webs que basándose en informaciones sesgadas o directamente falsas crean una alarma injustificada. Sirva como ejemplo el reciente caso que relaciona el autismo con las vacunas y que a través de las redes sociales ha encontrado una importante difusión tanto de profesionales de la medicina que han desmentido de manera fundamentada las posibles conexiones entre las vacunas y el autismo, como de personas que han querido dar veracidad a esa teoría.

 

Internet ha proporcionado unas herramientas que nos ayudan a poder estar más y mejor informados, pero a la vez hay quienes han utilizado el amplio poder de decisión del mismo para propagar bulos que pueden tener repercusiones graves en nuestra salud y en la de nuestros hijos. Al igual que no acudiríamos a un médico en busca de asesoramiento legal, no podemos buscar fuera de las webs especializadas de medicina respuestas a las preguntas que deben ser consultadas a un profesional sanitario.

 

Al igual que hemos comentado en líneas anteriores con el uso de los servicios de urgencias, , el sentido común de los padres es una vez más la mejor respuesta